miércoles, 17 de diciembre de 2008

A 100 años luz de mi abuela

Sí, ya sé que un año luz es una medida de distancia. Varios programas de la serie “Cosmos” del bendito Carl Sagan, que en la gloria esté, incentivaron mi interés por el espacio exterior desde pequeño a la vez que me sirvieron para desdeñar toda esa piltrafa de la astrología de la que viven cientos de engañabobos.



De hecho, mi bueno Carl junto al también in memoriam Isaac Asimov combatieron ese mundo de la superchería global a su modo, con la información científica, limitada siempre a los avances técnicos pero entusiasta y orgullosa de sus expectativas.

Y ahora que mi abuela, con toda su mala leche, ha cumplido los 100 según el juzgado, y 99 según el DNI, pienso que no quiero abandonar este mundo sin ver la “Y vasca” o cómo el ser humano llega hasta Marte, algo que parece que está a la vuelta de la esquina pero que me temo que se va a demorar unas décadas. Me imagino que se debe no sólo a causas técnicas sino a la viabilidad de un viaje que se supone debe aportar ciertos réditos al avance e investigación científicas.

Ir por ir no es algo que esté en la mente de nadie. No se trata de superar marcas a lo Usain Bolt, S.A. (en euskera significa algo así como “Bolsa de olor”).

Pero, ¿qué encontraremos en Marte?. Temo que al hollar la superficie marciana nos topemos con sorpresas como las que Ray Bradbury describe en sus libros.



Pero más patentes tengo las imágenes de la película “Desafío total” (“Total recall”), basada en una historia de Philip K. Dick. Los efectos de no llevar traje espacial están a la vista.

Y es que la generación que hemos vivido la juventud en los años 80 nos podemos calificar de spielbergizados. Todo aquello que nos sonara al barbudo director o a alguno de sus acólitos, nos lo tragábamos sin rechistar. Y así nos va, viendo ovnis y tiburones malignos por todas partes. Gran parte de ese cine era ciencia ficción, que por otra parte era lo que buscábamos.

No sé si por suerte o por desgracia en aquellos años fui de los que se iniciaron en el cine con segundas o terceras partes. No me llevaron a ver “Superman” ni “La guerra de las galaxias” ni "En busca del arca perdida" porque era muy pequeño ... y asmático (no me venían bien los suelos enmoquetados de las salas de cine). Así que me resarcí varios años más tarde yendo a “Superman III”, “El retorno del Jedi” e "Indiana Jones y el templo maldito".

Con “Regreso al futuro” y “Los gremlins” me pasó otro tanto de lo mismo. Esto casi me crea un trauma, sobre todo al descubrir que en estos casos las primeras o segundas partes siempre fueron mejores que las terceras.

Pero bueno, compensé estas desilusiones con otras películas: “Los goonies”, “El secreto de la pirámide”, “Dentro del laberinto” (portentosa música de David Bowie), “Krull”, “Los cazafantasmas”...

Luego conseguimos ver “Tiburón”, "Poltergeist" y “Encuentros en la tercera fase” en la televisión francesa ya que en los canales españoles no se salían de las películas clásicas.

Otras pelis fueron directamente precindibles. El hecho de leerme “La historia interminable” del gran Michael Ende hizo que me pasara toda la película basada en su gran libro riéndome por no llorar.

No digo que todas estas películas fueran obras de arte, ni mucho menos, pero sí que les veo una imaginación que no detecto en las películas fantásticas actuales, a pesar de los mayores medios económicos y la infografía omnipresente. Cierto es que mi edad me condiciona parte de mi juicio pero creo que no ando descaminado.

Por cierto, me ha parecido leer que están planeando una nueva versión de "Los goonies". Me pido el papel del asmático.

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